En el corazón del oeste argentino, la provincia de San Juan escribe una historia fascinante donde las raíces más profundas de la vitivinicultura nacional se entrelazan con las técnicas más vanguardistas. Esta región, segunda en importancia productiva del país después de Mendoza, ha sabido honrar su legado centenario mientras abraza la innovación con una determinación que sorprende y conquista paladares exigentes.
Con más de 47.000 hectáreas cultivadas y una tradición que se remonta a la época colonial, San Juan no solo produce el 21% del vino argentino, sino que también alberga algunos de los viñedos más antiguos del continente. Aquí, donde el sol brilla más de 300 días al año y la amplitud térmica puede superar los 20°C, se gesta una revolución silenciosa que está redefiniendo el mapa vitivinícola argentino.
El Legado de los Pioneros: Tradición que Perdura
La historia vitivinícola de San Juan comenzó en el siglo XVI con la llegada de los conquistadores españoles, quienes trajeron las primeras cepas desde Chile. Sin embargo, fue durante el siglo XIX cuando la provincia experimentó su verdadero despegue, especialmente tras la llegada del ferrocarril en 1885, que conectó la región con Buenos Aires y permitió la expansión comercial.
Las bodegas tradicionales como Graffigna, fundada en 1870 por el inmigrante italiano Santiago Graffigna, representan este legado histórico. Esta bodega, considerada la más antigua de San Juan en funcionamiento continuo, mantiene vivas técnicas centenarias de vinificación mientras incorpora tecnología de última generación. Sus vinos de Syrah y Cabernet Sauvignon son testimonio de cómo la tradición puede evolucionar sin perder su esencia.
Varietales Autóctonos: El Alma de San Juan
Si hay algo que distingue a San Juan en el panorama vitivinícola argentino es su compromiso con varietales que han encontrado en esta tierra su expresión más auténtica. El Syrah sanjuanino, por ejemplo, desarrolla características únicas gracias al clima árido y los suelos aluvionales, produciendo vinos de gran concentración y elegancia.
Pero quizás el mayor tesoro de la provincia sea la Bonarda, varietal que aquí alcanza niveles de excelencia difíciles de igualar. Bodegas como Callia han demostrado el potencial extraordinario de esta cepa, creando vinos que combinan la rusticidad tradicional con una fineza que sorprende a críticos internacionales.
No podemos olvidar el Torrontés Riojano, que en los valles sanjuaninos adquiere una mineralidad y frescura particulares, especialmente en zonas de altura como Calingasta, donde bodegas boutique como Chakana están produciendo expresiones biodinámicas de este varietal emblemático argentino.
Innovación Tecnológica: El Futuro se Construye Hoy
La modernización de San Juan no se limita a la incorporación de tecnología en bodegas existentes, sino que incluye proyectos completamente nuevos que están redefiniendo los estándares de calidad. La bodega Augusto Pulenta, inaugurada en 2005, representa esta nueva generación con sus sistemas de fermentación por gravedad, barricas de roble francés y técnicas de agricultura de precisión.
La innovación también se manifiesta en el desarrollo de nuevas zonas vitivinícolas. El Valle de Pedernal, ubicado a más de 1,400 metros sobre el nivel del mar, está emergiendo como una región premium donde bodegas como Altos del Valle experimentan con varietales como Petit Verdot y Tannat, aprovechando las condiciones extremas de altitud para crear vinos de carácter único.
Sustentabilidad: Tradición Renovada
La evolución de San Juan también abraza prácticas sustentables que honran la relación ancestral entre el hombre y la tierra. El riego por goteo tecnificado ha revolucionado el uso del agua en una región naturalmente árida, mientras que la agricultura orgánica gana terreno entre productores que buscan expresar el terroir más puro.
Bodegas como Finca Las Moras han implementado sistemas de energía solar y programas de reciclaje que las convierten en referentes de sustentabilidad, demostrando que innovación y respeto ambiental pueden ir de la mano en la búsqueda de la excelencia enológica.
El Renacimiento de los Vinos de Altura
Uno de los desarrollos más emocionantes en San Juan es la exploración de viñedos de altura en valles como Iglesia y Calingasta. A altitudes que superan los 2,000 metros, donde las condiciones extremas desafían las técnicas tradicionales, se están produciendo vinos de una mineralidad y elegancia extraordinarias.
Estos proyectos de altura no solo representan innovación técnica, sino también un retorno a métodos más artesanales, donde cada decisión en el viñedo cobra importancia crucial. El resultado son vinos que capturan la esencia más pura del terroir sanjuanino.
San Juan continúa escribiendo su historia vitivinícola con la sabiduría del pasado y la visión del futuro. Esta provincia demuestra que la verdadera innovación no consiste en abandonar la tradición, sino en encontrar nuevas formas de expresarla. En Vinario, celebramos esta evolución ofreciendo una selección cuidadosa de vinos sanjuaninos que representan lo mejor de ambos mundos: la autenticidad de siglos de tradición y la excelencia que solo la innovación puede alcanzar. Descubre nuestra colección de vinos de San Juan y vive esta fascinante transformación en cada copa.
Foto: Gabriela Parra en Unsplash



