Pielihueso Naranjo de Ánfora 2024: el vino natural que redefine la vinoteca

Hay vinos que se explican solos apenas se sirven, y otros que necesitan una historia detrás para que el cliente se anime a probarlos. El vino naranjo de ánfora pertenece a la segunda categoría, y pocos ejemplos son tan honestos como el Naranjo de Ánfora 2024 de Pielihueso. Uvas blancas que fermentan y crían junto a sus propias pieles, dentro de tinajas de barro, sin filtrar y sin sulfitos añadidos.

Es una producción muy limitada, pensada para vinotecas y restaurantes que buscan diferenciarse con algo que no está en la góndola de al lado. Y detrás tiene el respaldo de una bodega que fue pionera en instalar este estilo en Argentina.

La bodega detrás

Pielihueso es un proyecto familiar fundado en 2017 por Alejandro y Celina Bartolomé, padre e hija, en Tunuyán, Valle de Uco. Trabajan 13 hectáreas a entre 1.000 y 1.100 metros sobre el nivel del mar, sobre suelos arcillosos con piedra y arena, bajo manejo orgánico.

Fueron de los primeros en apostar fuerte al vino naranjo en el país, y esa identidad atraviesa todo su portafolio: fermentaciones espontáneas con levaduras nativas, filtrado suave o nulo, y una adición mínima de sulfitos. La idea es simple: que el vino hable del lugar, sin maquillaje.

El vino en detalle

El Naranjo de Ánfora 2024 lleva ese enfoque al extremo. Es un naranjo elaborado con uvas blancas maceradas junto a sus hollejos, como si fueran un tinto, y luego fermentado y criado en tinajas de barro (ánforas), una técnica ancestral que aporta textura y microoxigenación sin el sello del roble.

El resultado es un vino de color cobrizo, con taninos sutiles heredados de la maceración, buena acidez y una boca con carácter que se aleja por completo de lo que un consumidor espera de un vino blanco. Es sin filtrar y sin sulfitos añadidos, así que puede presentar sedimento natural: vale la pena explicarlo antes de servirlo para que se lea como una virtud y no como un defecto.

Es una partida muy limitada, dentro de la gama alta del portafolio de Pielihueso, lo que lo vuelve un producto de nicho más que de rotación rápida.

Cómo servirlo y con qué

Se sirve fresco pero no helado, cerca de los 12-14°C, en una copa amplia que permita que se abra en nariz. Decantarlo unos minutos antes ayuda a integrar la sedimentación propia de un vino sin filtrar.

En la mesa funciona con platos que un blanco convencional no resistiría: quesos de pasta semidura, curados o de cabra, charcutería, comida de fermentos (kimchi, chucrut, encurtidos), platos con especias como el curry o el za’atar, y también con pescados grasos o preparaciones ahumadas. Su textura tánica y su acidez lo hacen un compañero natural de la cocina de mercado y de las cartas que buscan romper con el maridaje obvio.

Por qué sumarlo a tu carta o góndola

El interés por el vino naranjo viene creciendo entre sommeliers y consumidores curiosos, y todavía es un segmento poco explotado en la mayoría de las cartas argentinas. Tener una etiqueta como esta permite ofrecer algo genuinamente distinto, con una historia de bodega y de método que se cuenta sola en la mesa.

Por tratarse de una producción limitada, funciona bien como pieza de autor: ese vino que el sommelier recomienda para abrir una conversación, o la etiqueta que distingue a una vinoteca de las que solo repiten el catálogo masivo. Para definir cómo posicionarlo dentro de tu selección, se puede consultar disponibilidad y ficha técnica completa en la página del producto en vinario.wine o directamente con el equipo de @vinario.wine.

Pielihueso, bodega familiar de Tunuyán fundada por Alejandro y Celina Bartolomé, consolidó su lugar como referente del naranjo argentino gracias a vinos como este Naranjo de Ánfora 2024: uva blanca, maceración con hollejos, crianza en tinajas de barro, sin filtrar y sin sulfitos añadidos, elaborado bajo manejo orgánico en el Valle de Uco.

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