Nuevas zonas emergentes del vino argentino: territorios que amplían el mapa

El vino argentino atraviesa una etapa de expansión que ya no se explica únicamente desde sus regiones históricas. En los últimos años, nuevas provincias comenzaron a ganar protagonismo a partir de proyectos que interpretan su entorno con criterio, conocimiento técnico y una visión de largo plazo.

En Vinario seguimos de cerca este proceso, incorporando bodegas que trabajan estos territorios emergentes con identidad y coherencia comercial.

Entre Ríos: volver a un origen olvidado

La vitivinicultura entrerriana fue una de las primeras del país y hoy vive una etapa de recuperación. Clima húmedo, influencia de los ríos y suelos variados configuran un entorno desafiante que obliga a decisiones precisas en el viñedo.

Los vinos que surgen de Entre Ríos se destacan por perfiles frescos, de intensidad media, con una identidad regional clara. Más que una novedad, representan una reinterpretación contemporánea de una historia vitivinícola que vuelve a tomar forma.

Provincia de Buenos Aires: el impacto del clima marítimo

La vitivinicultura bonaerense se desarrolla bajo una fuerte influencia oceánica. Temperaturas moderadas, climas fríos y una maduración lenta dan lugar a vinos de marcada frescura, acidez natural y perfiles más contenidos.

Lejos de buscar volumen, estos proyectos aportan singularidad y estilo, sumando diversidad al panorama del vino argentino y despertando el interés del canal especializado.

Chubut: la vitivinicultura en el extremo sur

Chubut se posiciona como una de las zonas más australes del país. Vientos constantes, bajas temperaturas y ciclos largos de maduración definen un entorno exigente, donde la viticultura se trabaja con precisión y escala reducida.

Los vinos de esta región se caracterizan por su tensión, pureza aromática y expresión de clima frío. Son proyectos que construyen identidad desde el límite, con resultados cada vez más consistentes.

La Pampa: una región en desarrollo silencioso

La Pampa avanza con paso firme dentro del mapa vitivinícola nacional. Su clima continental y suelos diversos permiten el desarrollo de vinos con carácter, equilibrio y una identidad propia aún en construcción.

Se trata de una región con potencial, donde las bodegas apuestan a crecer de forma progresiva, priorizando coherencia y adaptación al entorno.

Córdoba: vinos serranos con personalidad

Las sierras cordobesas ofrecen condiciones particulares para la vitivinicultura: altitudes moderadas, amplitud térmica y climas que favorecen perfiles frescos y expresivos.

Córdoba se consolida como una región de proyectos pequeños y medianos, con una fuerte impronta y una búsqueda clara de identidad, aportando una mirada distinta dentro del vino argentino.

San Luis: consolidación en marcha

San Luis desarrolla su vitivinicultura principalmente en zonas de altitud intermedia, con climas contrastantes y una producción aún acotada.

Los vinos de la provincia muestran una etapa de consolidación, con proyectos que trabajan variedades adaptadas al entorno y construyen una propuesta gradual, con foco en consistencia y viabilidad comercial.

Jujuy: expresión de altura en el norte argentino

Jujuy forma parte del mapa vitivinícola del norte argentino, con viñedos de altura que aportan vinos de carácter, intensidad aromática y marcada identidad regional.

Los proyectos jujeños se integran a la narrativa de los terruños emergentes como expresiones genuinas de su entorno, sumando diversidad al panorama nacional.

Territorios emergentes, decisiones conscientes

Lo que une a estas regiones es la forma de pensar el vino. Son zonas donde la vitivinicultura crece desde la observación, el conocimiento y la adaptación, no desde la improvisación.

En Vinario, valoramos los proyectos con visión clara, identidad definida y una propuesta comercial coherente.

El mapa del vino argentino se amplía, y en esa ampliación aparecen nuevas voces que ya forman parte de su presente.

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