Hay proyectos vitivinícolas que nacen con maquinaria de última generación y estrategias de marketing milimétricamente pensadas o calculadas. Y después están los que nacen con una premisa simple pero contundente: rescatar lo que vale la pena antes de que desaparezca. Guardianes pertenece a este segundo grupo.
Una mirada diferente sobre el vino
Guardianes no es solo una bodega, es un proyecto de rescate. Su enfoque está puesto en viñedos antiguos que productores han cuidado durante años, muchas veces en silencio, sin que nadie les preste demasiada atención. También trabajan con variedades en peligro de extinción, esas uvas que la industria dejó de lado porque no encajaban en los gustos masivos o en la lógica de producción industrial.
La filosofía detrás es clara: lo más sustentable que pueden hacer es un uso responsable de los recursos. Y eso implica no arrasar con lo viejo para plantar algo nuevo, sino valorar ecosistemas completos y a la gente que los ha mantenido vivos.







Victoria Brond: la cabeza detrás del proyecto
Al frente de Guardianes está Victoria Brond, enóloga con 26 años de trayectoria en la industria y mamá de Vicente. Fue elegida Enólogo revelación del año en Argentina por la Guía Descorchados 2023 y nominada como mejor enóloga, hacedora y viticultora por Winexplorer 2025.
Pero más allá de los reconocimientos, lo que define a Victoria es su forma de entender el vino. Formada en agricultura biodinámica, lleva años trabajando en proyectos orgánicos y biodinámicos, con una convicción: la agricultura biodinámica permite tener una mirada distinta de la producción convencional, entendiendo los ecosistemas como un todo.
Biodinámica: más que una técnica, una filosofía
Trabajar con biodinámica no es solo evitar agroquímicos. Es mirar el viñedo como un organismo vivo donde todo está conectado: la tierra, las plantas, los animales, el clima, las personas. Es innovar desde el respeto, buscando productos que sean fieles a los lugares y a su gente.
El objetivo es siempre dejar un lugar mejor del que encontramos, y esa frase resume bastante bien el espíritu de Guardianes.
Vinos que invitan a la interpretación
Las etiquetas de Guardianes son conceptuales, abiertas. La idea es que cada uno haga su propia interpretación, su propia conexión con el vino. Y en la contraetiqueta hay un QR que lleva a experiencias, pero también un espacio en blanco: para notas de cata, mensajes, dedicatorias o lo que se te ocurra.
Es una forma de entender el vino menos solemne, más personal. Como si el producto no terminara en la botella, sino que se completara en la experiencia de quien lo toma.
El vino como acto político
Porque al final, elegir rescatar viñedos viejos en lugar de arrancarlos, trabajar con biodinámica en lugar de con soluciones rápidas, visibilizar a los productores olvidados en lugar de ponerles una marca encima… todo eso es también una forma de hacer política. Una política del cuidado, de la memoria, del territorio.
Guardianes no vende solo vino. Vende una forma de entender el mundo vitivinícola: con respeto por lo que vino antes, con responsabilidad sobre lo que viene después, y con la convicción de que mostrar nuestra esencia como pueblo vitivinícola vale más que cualquier etiqueta premium.




