CHAS es una bodega que nació con una idea simple pero potente: el vino te acompaña donde quieras, cuando quieras. No hacen un solo estilo de vino, sino varios perfiles bien diferentes entre sí. La lógica es clara: según el momento, el lugar o con quién estés, vas a querer algo distinto en la copa.
Diversidad en el terroir
Lo interesante es que trabajan en tres zonas bien distintas de Mendoza, cada una con su personalidad: Lavalle en el desierto mendocino, Agrelo al pie del Cordón del Plata, y La Consulta en el Valle de Uco. Tres terruños, tres alturas (desde 560 hasta 1.200 metros), tres expresiones.
El viñedo de Lavalle está en el «desierto de Mendoza», con apenas 177 mm de lluvia al año. Lo trabajan de forma orgánica, sin herbicidas, con ovejas que controlan las malezas naturalmente. Es un parral de 20 años sobre pie franco con riego por manto.
Agrelo, a 1.050 metros, es la zona clásica de Mendoza. Acá tienen 100 hectáreas trabajadas orgánicamente, con certificación incluida. Casi 350 días de sol, amplitud térmica marcada y agua de deshielo rica en minerales.
La Consulta es la zona más alta (1.200 metros) y la más fría. Hace 20 años, esta región no era considerada para vinos premium. Hoy es una de las zonas top del Valle de Uco.
Diversidad en la mirada
Pero la diversidad no viene solo del terruño. CHAS trabaja con tres enólogos diferentes. La idea es que cada uno aporte su mirada particular, «su librito», para que cada vino tenga una personalidad propia.
Y les divierte explorar: prueban con distintas cepas y técnicas enológicas, buscando sorprender con cada botella.
Vinos para acompañar
El concepto se resume en su lema: «vinos diferentes entre sí, para disfrutar en diferentes momentos». Hasta sus notas de cata van por ese lado, pensando en qué momento compartirías cada vino.





